La gloria de las calendas

Yo (re)cogeré la bandera de mil destinos truncados que creyeron y lucharon contra el viento, mas cayeron con honor en el campo de batalla.

Algún día me ganaré el respeto de las sombras y descansaré sin pesadillas, lejos del baile de máscaras que turba mi vigilia al filo del abismo.

Yo romperé con la fuerza de mis brazos desnudos (y el fuego del Creador) la más prístina constelación de atávicas estrellas, impondré mi verbo audaz sobre el sello ¿indeleble? de los senderos impuestos.

Y cuando por fin regrese a Ítaca, con los adjetivos ajados en mil versos sublimes (al altar de tu sonrisa honrados), ganaré la gloria de las calendas.

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Tribulaciones de una teleoperadora

Tribulaciones de una teleoperadora (I)

Mi amiga Casiopea trabaja de teleoperadora en una multinacional de telecomunicaciones, de cuyo nombre no quiero acordarne, Cabrofónica o Cabrofone, no sé.

Cuando llega el buen tiempo, llega la época de la poda en el departamento de RRHH, y se produce el saneamiento de trabajadores -ya sabemos tod@s que hoy día el trabajador tiene el mismo valor en el mercado de trabajo que un kilo de anacardos-.

Casiopea siente el pánico cual hoja de cuchilla sobre su nuca, sabe que su nombre está en la lista de l@s nominad@s a abandonar la santa casa, en la que lleva casi seis años.

Anda ella algo afligida y un tanto paranoica ante la posibilidad inminente de recibir pasaporte, y de que flaqueen sus renqueantes recursos financieros, vamos, que no pueda ni hacerse un café si se queda en la calle.

Ha comenzado a leer a Kiyosaki -acertado regalo de su novio-, aunque ya poseía algunas nociones acerca de productos financieros, el trader, el interés variable y esas cosas. Porque, pese a todos los imponderables, su mirada aún conserva ese brillo singular que despierta la ambición en la noche sublime de los sueños.

Sabe que su futuro – y su presente- no debe eternizarse malviviendo en la zona de confort, alejando su -oxidado- olfato de lobo de sus más íntimos propósitos.

Pero Casiopea realmente no sabe muy bien qué está haciendo con su vida. Lleva demasiado tiempo en stand by, al albur del piloto automático, a la indolente levedad del escapismo, a relegar su ambición a la urgencia del cortoplacismo. Su audacia se fue diluyendo en una acomodaticia espiral de mínimos.

Le escuece que una persona -por quien daría la vida- considere su trabajo una mierda, infrarremunerado, “que no es para tirar cohetes”; lo que es cierto, y nuestra inefable operadora lo sabe de sobra, pero le revienta que se lo recuerde(n).

Sonríe, ocultando como puede un gesto melancólico de autodesprecio, intentando conservar un mínimo de dignidad, y, sin dejar de pensar en la carrera de las ratas de Kiyosaki, “atempera los espasmos de la bilis” -Anguita dixit-, mantiene la sonrisa y queda cada vez más relegada a un hermético silencio.

Yo creo que exagera un poco, o incluso está llamando la atención, porque todo el mundo sabe que las teleoperadoras disfrutan mucho con su trabajo, de charla todo el día con los encantadores clientes. Además, qué suerte de tener trabajo en los tiempos que corren, ¿no?. Pues eso.

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¿QUÉ ES SER PADRE?

¿Cuándo fui padre? ¿Cuando nos lo confirmó el ‘predictor genérico? Noooo…

¿Cuando vi tu piececito casual en aquella ecografía? Hombre, ahí ya…

Probablemente empecé a ser consciente tras la gélida barrera de la incubadora, cuando te leí emocionado El Principito en mi socorrido iPhone. Intentando superar sin éxito mis lágrimas y las de tu madre, ahí comencé intelectualmente a hacer mío el concepto de papá: ¿por qué un principito y no una princesita? Y ya barrunté que quedaba mucho por hacer…

Aún tenía que pasar algún tiempo hasta que… una mañana me despedí de ti como tantas otras en la guarde y tú, mirándome a los ojos por primera vez, me dijiste adiós con la mano sin llorar; acaso fue una de tus tempranas muestras de autonomía personal, una pequeña pero sólida conquista en la construcción de tu independencia. Quizá en ese momento me sentí plenamente padre, pasé de ‘saberme’ progenitor a ‘sentirme’ papá.

La responsabilidad permanente -‘a tiempo completo’- de tu madre y de tu padre, a veces abrumadora, supera todos los miedos inherentes a la paternidad. Hace unos días supimos que le pasó a GABRIEL, un pequeño ángel almeriense -la sonrisa de un pescaíto-, a manos de una bruja mala o, quizá, un monstruo. A veces no somos del todo conscientes de que los niñ@s sois tan frágiles como bellos, y que la inocencia -que es vuestro más preciado tesoro- no siempre es bien entendida ni respetada.

Ser padre te induce a superar -o al menos soslayar- los miedos y fantasmas que alberga tu pánico a la responsabilidad. Te hace capaz de improvisar habilidades de las que carecías, te convierte de facto en catedrático de la improvisación y, por fuerza, te cambia y condiciona la existencia para siempre. Siempre estarás velando y tutelando sus pasos, aunque ninguno tengamos un manual de instrucciones para hacerlo con algún criterio establecido…

Pañales, potitos, apiretal, ¿tiene fiebre?, bivos, no te acerques a la estufa, ale a cambiarle otra vez el vestido, a ver si se cae, más apiretal, se duerme o no, creo que está estreñida; che, ¿dónde está el chupete?, ¿lo estaremos haciendo bien? No sé, ¿dónde están los pañales? ¡A dormir!

Ah, bueno, y más apiretal; mutarte en el extraño ser que ahora dice ‘caca’ y ‘caquita’ para referirte al coprolito cuando toda la vida has denominado cagar, defecar y boñiga a la cosa excretora ; asumir las reprimendas de la madre cuando no le combinas bien los colores al vestirla -y más si la madre es diseñadora gráfica-; más apiretal; poner la mano para que no se caiga… y también cuando ya se ha caído

Curiosamente, ser y ejercer de padre hasta te convierte en mejor persona, porque tu lectura del mundo es menos despreciable y más respirable, porque debes mejorarlo para tu hija. Gracias a ti, CANDELA, lo pusilánime, lo mediocre y anodino, lo miserable incluso lo relego al olvido para poder mostrarte lo bello, lo sublime, lo trascendente. Y en mi consciente voluntad de (re)descubrirlo para ti, de regalártelo y enseñártelo, reviso y enriquezco mi visión del mundo, desde el más escéptico nihilismo al motor del cambio personal que tú me inspiras.

¿Qué es ser padre? Verte reír y contemplar absorto la esencia del universo en tus alegres ojitos.

Ay, ¿ya te has hecho caca otra vez? ¡Candela!

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Alguna vez…

Alguna vez, entre mis pupilas a Selene rendidas, canté a las musas, a los molinos cervantinos, y glosé, -fascinado con los versos del alma-, la voluptuosa voz de tu mirada sublime -como me enseñó Valle-. Alguna vez

Alguna vez, entre mis labios balbuceantes, diseñé un plan preñado de sueños, solo reservados a una voz audaz que miraba de tú a tú a las estrellas que no matan horizontes.

Alguna vez, entre mis pupilas vidriosas, maldecí la Cueva de Montesinos cuando vi que los molinos eran molinos, y tú una rémora de aquel brillante nanosegundo fugaz pero eterno. Alguna vez

Una vez, cerrando mis ojos trémulos -pero siempre audaces-, creí; y dibujé en mi infinita oscuridad los más sublimes versos; sí, atribulados cuando señalaba la daga lacerante, ¿sabes?, aquella que te inflige inmisericorde el tedio de los días -y las noches- tercamente prosaicos, contumaces en su gris sendero; aquella que mata cual negra rosa el vulnerable sueño de un guerrero de arcaica nobleza.

Alguna vez, no sé cómo ni cuándo ni qué, despertó mi alma sumida en la memoria de mil olvidos conscientes; y volví a soñar, a escribirte versos sublimes -cuyo conspicuo verbo quizá solo yo atisbaba a comprender-. Sí, volví… aunque no me di ni cuenta, acostumbrado a la inercia de las sombras que borraban mis pasos.

Ay, esta vez… desde algún recóndito rincón de mi guarida, rediseño mi verbo, mi discurso, ¡y vuelvo a mirar solícito a Selene con mis pálidas, vidriosas y siempre audaces pupilas!

Creo en ti, en el Verbo de la Fortuna al que apelo con la mirada honesta de un sincero despertar; sublime, recto y audaz.

Un rato sublime, en la Eterna Noche de los Tiempos, febrero 2018.

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¿Palabras?

   Palabras sueltas preñadas de fuego; pero aisladas, sin estructura que atisbe siquiera un esbozo de frase imperfecta…
   

   Palabras que nacen con el ímpetu de los sueños más alocados y vírgenes de prejuicios; emanan libres, audaces, convulsas en tropel buscando algún nexo que vertebre algún camino que lleve a Ítaca.
   

   Palabras que buscan ávidas el Verbo. Ya no un verbo que se extinga fútil en la retórica estéril ni en la gélida sintaxis. Un Verbo transformador, liberador, que construya un camino donde fluya la nobleza de tu nombre, donde tu inquietud (voluntad) resuelva tu identidad. Donde la elaborada génesis de tu nombre pueda construir caminos sublimes y dignos de ser recorridos.
   

   Palabras que reflejan sueños…la pulsión interior del volcán en que te quemas sin atisbar la salida.
   

   ¿Por qué Voluntad vs. Fortuna? ¿Y si… Voluntad Y Fortuna?  La maleza…esa masa gris, yerma, indistinguible entre el tedio y el fruto anodino y vulgar…

   

   Oh, Creador, deja que vuelvan a nacer exultantes las rosas. Volcán de vida, de múltiples colores, infinitas texturas, aromas… tantas rosas como (son)risas, como fragancias hilvanadas entre azahar y nuevas aromas inéditas por descubrir…

  

    Despierta tu Voz dormida del tedio eterno. Muera la desidia de tu verso quejumbroso, de amargo tono, sensualidad decadente. 

   

   Despierta, fluye, redescubre tu voz en lo más profundo y noble de tu nombre. Sé tu mismo. Explota, vuelve a soñar, cree.

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Dos años de mi blog

Qué bárbaro, dos años ya de mi blog, el bueno de Caioantonius. ‘Espejo de impresiones, entelequias y alguna utopía‘.

Ha resultado una suerte de laboratorio de impresiones escritas de toda índole, a golpe de impulso, necesidad expresiva y/o cristalización de pensamientos madurados en forma de mosaico discursivo.

Nada llega a reflejar fehacientemente quien y como eres, pero todo escrito suele dibujar algo, por ínfimo que sea, de tu propia esencia.
La verdad es que en muchas entradas acabé sucumbiendo a la tentación de mojarme en algunas cuestiones políticas, pese a que mi ideario no se reduce a clichés establecidos o paradigmas ideológicos cerrados, sin caer tampoco en un frívolo eclecticismo.
A alguna gente la puse en su sitio -que además suelen tener la ‘piel muy fina’-. Y también hablé de sentimientos. Me dejé llevar un poco al albur del caos, la casualidad y la concreción escrita de neuras, sensaciones y cavilaciones personales.

Vamos, lo que buscaba, satisfecho con el experimento. Y este blog -germen de otros proyectos- no ha hecho más que comenzar. Paz.
caioantonius.Wordpress.com

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